Testimonios:

Casos reales de personas que sufren o sufrieron violaciones a sus derechos humanos por el simple hecho de ser diferentes, esta realidad puede cambiar en el Ecuador si todos hacemos algo al respecto. Si conoces casos denúncialos

“Me llevaron engañada. Nunca supe que iba a una clínica. Todo lo que es mi familia, mi papi, mi mami, mis hermanos y una tía…mi prima… se pusieron de acuerdo; me dijeron: ‘vamos a visitar a una amiga que recién dio a luz’, justamente fue un 10 de mayo… ¡inolvidable!, siempre dije que porque fue el día de las madres. Ocho de la noche… me dijeron vamos a visitar a una amiga. Nunca desconfié de ellos”. (Yolanda)

En Manta, provincia de Manabí, “Yolanda”, una joven profesional de 30 años de edad, estuvo encerrada tres meses en una “clínica” de dicha ciudad, desde abril hasta julio de 2009; y “Soraya”, la compañera de una joven de 19 años ha denunciado el confinamiento de su pareja en la misma clínica. Precisamente, según estos testimonios, estas clínicas tratan “trastornos de conducta” y “adicciones” (Esto es: La homosexualidad es considerada un “trastorno de conducta” y una “adicción”).

 

“Ellos ponen trastorno de conducta y también le ponen alcohólico, porque ellos tienen el criterio de que una persona que toma es alcohólica. A mí me tocó identificarme como alcohólica (…) Porque eso era lo que nos decían. ¿Cuántas veces tomaba? Creo que dos veces como mucho, al año… y dicen: ‘no, eres alcohólica, tienes que identificarte como alcohólica con trastornos de conducta’”. (Yolanda, 23/09/09)

 

El discurso esgrimido por la clínica “Sólo por Fe”, de la ciudad de Portoviejo (Manabí), es que “Yolanda” tenía, justamente, una “adicción a su pareja”:

 

“Supuestamente yo tenía una adicción con ella, ella era una adicción (…) ‘tu adicción es esa persona, es ella tu adicción y eso es lo que tienes que dejar. (…) Tú no puedes decir que vas a seguir con ella porque tú no vas a seguir con ella, tú tienes que dejar eso. Lo que tú tienes es una confusión’.” (Yolanda)

 

Es preocupante saber, además, que estos actos se cometen por petición de las familias, quienes entregan –muchas veces engañadas— a sus hijas y firman un contrato con las clínicas asintiendo su forma de encierro y sus prácticas de “rehabilitación”:

 

“Me llevaron engañada. Nunca supe que iba a una clínica. Todo lo que es mi familia, mi papi, mi mami, mis hermanos y una tía…mi prima… se pusieron de acuerdo; me dijeron: ‘vamos a visitar a una amiga que recién dio a luz’, justamente fue un 10 de mayo… ¡inolvidable!, siempre dije que porque fue el día de las madres. Ocho de la noche… me dijeron vamos a visitar a una amiga. Nunca desconfié de ellos”. (Yolanda)

 

“Te meten a la clínica si tú eres casada, con la firma de tu marido y si tú vives con tu papá y tu mamá, así seas mayor, así tengas cincuenta años”. (Soraya, 23/09/09)

 

De esta manera, se ejerce una violencia en las familias nucleares y extendidas para reproducir el ordenamiento heterosexual. La legitimidad social de la heterosexualidad ampara a la familia, para que en nombre del “bien” se permitan intervenir en sus vidas.

 

La lógica de la concepción de normalidad de la heterosexualidad sustenta que se implementen prácticas para “curar la desviación”. Lo que subyace a esta concepción es que la homosexualidad o las identidades de género son una “enfermedad” y un “vicio”.

Además de forzar el ingreso a los centros de reclusión, los mecanismos a través de los cuales se produce la entrada a los mismos incluyen secuestros, torturas y malos tratos:

 

“Unos vecinos de la casa de ella me dicen que ella gritaba, pedía ayuda, auxilio y la bajaron, la subieron a un carro peor que delincuente. Por ella es que me entero que a Viviana la esposaron, cuando ella ha salido de la casa. Ella estaba poniendo la llave y la cogieron estos dos hombres que eran el marido de Teresa Mantilla, se llama Richard… Teresa Mantilla y Yajaira, Mario Mantilla, que es el director de la clínica de hombres. La cogieron a la fuerza, ella gritaba, pedía auxilio, todos los vecinos vieron que la esposaron… le metieron al taxi, le metieron en la boca un puñete. Yajaira le pegó, ¡la misma terapista!” (Soraya)

 

Tal como expresaba “Yolanda”, a las mujeres recluidas las “terapistas” les ponían apodos. A ella la llamaban despectivamente “Yolo” o “Madre” (en alusión a que era “mala madre” con sus hijos, pues les daba un mal ejemplo). Además, comentó que en la “clínica” 15 mujeres dormían en tres dormitorios. Adicionalmente, les otorgaban una jarra de agua para poder asearse. Las mujeres confinadas realizaban tareas de limpieza, cocina (los almuerzos consistían en sólo 3 libras de arroz para 15 personas), cuidado de niños/as del personal de las clínicas, entre otras labores, sin posibilidad alguna de comunicación con el exterior o sus seres queridos durante el período de “terapia”. Es decir, en tales centros de reclusión la “terapia” va aparejada de la explotación de las mujeres, aprovechando del encierro y de la incomunicación con familiares, parejas y/o amigos/as:

 

“Primero no nos daban agua, tocaba tomar agua de arriba del que uno coge para bañarse y todo… tocaba abrir ese aljibe cuando ya podía bajar, subir agua con ese tacho, llenar pomas y adentro de ese aljibe había hasta sapos en descomposición, grillitos, cucarachas, cosas así. Una vez, como yo era la que cocinaba, ese mismo día me tocó llorar porque nunca había pasado por esas cosas. Lo que me tocaba hacer era una harina llena de puro gorgojo y esos gusanitos. ‘Pero ya danos desayuno’, me gritaban desde arriba y yo, lo que estaba haciendo era sácale y sácale, tratando de sacar lo más que pueda… pero igual, como tenía una cierta cantidad de tiempo para poder hacer el desayuno, le saqué lo más que pude” (Yolanda)

 

“La dizque terapista te insulta, te trata mal, pero la doctora también. Era: ‘basura, son unas basuras’ y hasta los niñitos de ellas podían decirnos de todo a nosotras. A mí me tocó ser también, aparte de cocinera, niñera, porque me tocaba cuidarle la niña. Otra de las chicas le tocaba limpiarle la niña cuando se hacía popó. Ella le decía ‘Mayra llévela a la niña, ¡ay, se hizo!”, le tocaba a la pobre, suspiraba y se iba a limpiar a la niña. A mí me tocó  bañarla.” (Yolanda)

 

De esta forma, la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes, que incluyen golpes, baldazos de agua fría en la noche, humillación verbal, gritos, burlas y violencia sexual (acoso sexual y amenaza de violación en tanto práctica que supone la “cura”) se constituyen en prácticas sistemáticas que castigan la impugnación al orden social y de género que las mujeres lesbianas ponen en cuestión por su opción sexual y/o identidad de género.

 

“Como pasaba más tiempo en la cocina, uno de los hermanos, que bajaba dizque a dar terapia (…) primero me cogían la mano, que besito en la mano, después ‘tú no eres fea’, después cuando estaba en la cocina se iba a la cocina a estar ahí. Una incomodidad total, porque te ve como que te está… con una mirada de morbo… si estás haciendo algo, picando algo, está así de frente mirándote los senos, ese morbo (…) ‘te veo bien’, comenzaba con el toqueteo, te apretaba y de ahí otra vez, cogía… se iba… después regresaba otra vez; ahí ya te sentaba de frente, te cogía, te abrazaba y te hacía así… tocándote”. (Yolanda)

 

[Yolanda]

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